RUTA nº 040
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Para primavera, otoño e invierno Desnivel de 600 a 700 metros
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Comunidad Autónoma de Madrid  COMUNIDAD AUTONOMA DE MADRID - ZONA 3
SOLANA DEL ABANTOS

OTRO MILAGRO DE LA PRIMAVERA
El verdor torna a la ladera oriental de este monte escurialense que fue pasto del fuego en agosto de 1999

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a San Lorenzo de El Escorial se va por la carretera de A Coruña (A-6) hasta Las Rozas y cogiendo el desvío a El Escorial (M-505). No obstante, el acceso más rápido es la salida 47 de la A-6, que lleva hacia El Escorial por la carretera M-600, en cuyo kilómetro 5,8 se halla el área recreativa de la Penosilla, inicio de esta ruta. Cerca del área paran los autobuses de Herranz (tel.: 91-890 4100), que salen de Moncloa
La Concejalía de Medio Natural de San Lorenzo de El Escorial informa sobre rutas a pie por el municipio en el teléfono 91-890 3995 o directamente en la Casa de la Juventud (Presilla, 11)
no recomendable en días de climatología adversa ni de mucho calor, ya que en la zona incendiada en 1999 no hay sombra ni cobijo
si no se conoce la zona, es muy aconsejable llevar la hoja 18-21 (San Lorenzo de El Escorial) del Servicio Geográfico del Ejército o el mapa 'Sierra de Guadarrama', de La Tienda Verde (Maudes, 23 y 38; tel.: 91-534 3257), ambos a escala 1:50.000
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El viernes 20 de agosto de 1999, a las tres y media de la tarde, un infierno con llamas de hasta 40 metros de altura se desataba en la ladera oriental del Abantos y obligaba a evacuar a 10.000 personas en San Lorenzo de El Escorial, incluidos los 3.000 veraneantes del camping y los 40 ingresados en el hospital. El sábado, poco después del mediodía, la gente volvía a sus habitaciones y sus tiendas de campaña, pero, sobre sus cabezas, 450 hectáreas de pinar aparecían calcinadas formando un negro abanico desde casi la cima hasta los primeros chalés y desde éstos hasta la cerca del Valle de los Caídos. Para la anécdota queda el titular del diario mexicano 'El Universal': “Controlan incendio en Madrid que amenzaba sepultura de Franco”, como si tumba granito poder arder y como si eso importar mucho.

En realidad, es difícil decir qué importa después de un desastre así: quizá saber si fue provocado o no (que, hasta donde se ha podido indagar, parece que no); o si alguien se aprovechó de ello (Gallardón se adelantó a la cuestión prometiendo que no se construiría una sola casa en la zona afectada); o si habría que repoblar o dejar que la naturaleza siguiera su curso (a este debate también se adelantaron los gobernantes, pues nada más subastarse los pinos quemados, se invirtieron los 241.000 euros obtenidos en plantar más pinos, como siempre...). Pero todo eso nada importa cuando se considera que esta montaña que nos vio pasear cuando éramos jóvenes, asombrados por su pinada secular –fue plantada hacia 1870 por los alumnos de la Escuela de Ingenieros de Montes–, no volverá a ser la que era hasta mucho después de que hayamos abonado con nuestros huesos los preceptivos seis pies de tierra.

Por eso, a nosotros, lo que hoy nos importa es constatar cómo la solana del Abantos, hasta ayer cenicienta y maloliente a chamusquina, vuelve a la vida puntual y sin ruido, con toda naturalidad, como le gusta hacer los grandes milagros a la primavera. Es un monte todavía bajuelo que, más que verse, huele: a tomillo, a jara, a cantueso... Pero ya hay por doquier el verdor renovado de las retamas, de las herbáceas, de los contados pinos y carrascas supervivientes, y de los valientes pimpollos, de dos palmos de altura, que han pasado este seco invierno la primera reválida de su existencia.

Para presenciar este milagro, vamos a acercarnos al área recreativa de la Penosilla, que está en el kilómetro 5,8 de la carretera M-600 (Guadarrama-El Escorial), junto al restaurante El Tomillar, y aún subiremos poco más de un kilómetro en coche por entre las barbacoas, hasta el límite del pinar, para echarnos a andar por la primera pista que se desvía a la derecha, de asfalto desbaratado, con barrera que restringe el paso de vehículos. En esta solana de la Penosilla, extremo sur de la zona arrasada en 1999, crecen con fuerza los nuevos pinos y también (es lástima) la basura que las cuadrillas de repoblación van sembrando, como si las latas pudiesen dar árboles de frutos refrescantes o lubricantes, según el caso.

De esta pista, que es un continuo zigzag, nos saldremos entre las curvas 8 y 9 por una senda que surge a la derecha y corre llanísima sobre una conducción subterránea de agua. Pronto cruzaremos un arroyo que lame fresnos y pinos supervivientes, y nos adentraremos en la pelada solana del Barrancón siguiendo una alambrada y luego una pista de tierra, también llana, hasta que, a una hora y media del inicio, nos topemos con la cerca pétrea del Valle de los Caídos.

Otra hora y media nos llevará bordear este muro por un empinado cortafuegos, con vistas a la gigantesca cruz, hasta alcanzar la cima del Abantos, 700 metros por encima del monasterio de San Lorenzo, el cual (macabra ironía) es un parrilla monumental.

La vuelta, si conocemos el terreno, podremos hacerla por la senda que baja por la derecha del risco, con rumbo sureste, a la casita del Renegado y, zigzagueando por pinar intacto, a la pista del principio.

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